Miedo al te quiero

Me dirijo a ese alma gemela que vela por las calles, a ese te quiero que nada mas grita en mi silencio, a esa morena de ojos castaños que prendió la llama en mi vida y que ahora se aleja para dejarme solo las tinieblas. Llenaste todos mis recuerdos de sonrisas y lagrimas, de las que ahora solo quedan momentos de un sueño que se desvanece, de un te quiero que prende la llama de cada locura que tengo, de cada jarra de agua fría que cae sobre mi cabeza. Apago este corazón herido con los pensamientos que no te he dicho, con las palabras de un hombre que enamorado solo mira lo que ha perdido. 

El silencio de la soledad

En el silencio de mi ama solo hay una palabra que calma mi llanto, tu nombre, ese que escribí tantas veces y que hoy borran las lagrimas de mi silencio. Mis palabras son el llanto de un hombre enamorado, de alguien que mira al cielo para ver si las dos estrellas que guiaban en las noches mas oscuras de si vida aun le acompañan. Las preguntas son tantas, porque tan lejos, porque te marchas, las respuestas el silencio con el que calmo mi alma y se destrozan los recuerdos entre vasos de alcohol estallados en mi cuerpo. Ebrio de un amor loco vago por las esquinas preguntándome cual fue mi error, cual fue el paso que no debí dar, cual el sueño que se desprende de esta vida. Pero nadie contesta, la imagen que se reflejaba en mis ojos ahora solo son lagrimas de recuerdos, sentimientos ahogados en el frió invierno de una primavera sin flores. El tiempo detenido solo me sigue cuando en el nombre de mi alma sigue poniendo una cara, aquella que me enamoro una tarde y desde entonces solo vivo por ella.