Ay señor

Ay señor he llorado tantos mares que hasta mis lagrimas secaron las cuencas de mis ojos, he ahogado tantos recuerdos que ni mi nombre ya recuerdos, he perdido la sonrisa por esa vereda que unos llaman amor y otros locura. Ay señor pusiste esa dulce mujer en mi camino y como ciego la seguí, anhelando sueños en los que su presencia es la felicidad eterna, en el que su palabra es mi norma y en los que una de sus lagrimas son las puñaladas que matan a este alma que hoy la llora desconsoladamente. Porque señor, apareció esa dulce mujer, porque mi corazón se baña en su recuerdo, porque no puedo eliminarla de mi cabeza, dejar mis sueños tranquilo, porque señor, que hice mal. La he querido con locura, me he desvivido días y noches porque una sonrisa brille en su cara, por ser el reflejo de su mirada. Ahora marcho lejos y quedo recuerdos e palabras y momentos en los que el tiempo se detuvo, en los que cieguito de amor la seguí y ahora ando perdido. Que fue señor, de ese mar de sueños que hoy se derrumban, que ciegan todo lo que he amado, lo que he soñado y vivido. Rezo a ese alma del cielo para que borre de esta memoria que llora desconsolada la perdida de quien un día amo.