Por la vida eterna

Por la locura de una tarde encontré esta condena, que al mirar a todas martes no encuentro a esa morena. Mi vida es un suspiro, por el que nazco y vivo llamando a ese amor prohibido  por el que me siento cautivo. Mis versos se pierden en mis sueños, mi vida entre ríos de tinta que escriben mil veces al día, los te quiero que nunca te he dicho. Llámame cobarde si gustas, pero nunca mires a mis ojos los que por ti prende la llama de este amor que es un antojo. Mil son los amaneceres en los que te he echado de menos porque hace tiempo que no te miro, porque hace tiempo que te añoro. La culpa la tiene una mirada, por la que ahora te sigo, cavando mi propia tumba mientras te amo y no te olvido. 

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